La transformación parcelada de México

Luis S. Morales

La derecha pendenciera, es una derecha fascistizada; es altamente vulgar, lo mismo que altamente reaccionaria. Pero hay que decir algo en su descargo: se han tenido que enfrentar a un repudio muy extendido y cada vez más abierto de una buena parte de la sociedad, que en la medida que avanza el tiempo se da más cuenta de la larga lista de agravios y de abusos que ha cometido ese sector conservador en contra de grandes capas de la población mexicana, y la respuesta los ha dejados desnudos y al aire libre con todo su clasismo y todas sus ideas de “superioridad bastarda”.

Su odio no les ha permitido pensar de forma clara, y cada nueva acción emprendida con algo de sentido, se desborda en un alarido de odio y se vuelven a desmoronar. A esto es a lo que se refirió de manera preclara el presidente López Obrador cuando afirmó que están “moralmente derrotados”. Es verdad. Y lo más terrible y patético para sus fines, es que no tienen ninguna divisa o plan de acción clara y definida. Su única esperanza es que México se quede sin esperanzas…

Pero, hay que aceptar una cosa radicalmente verdadera: que si bien es cierto que a nivel federal los programas sociales, las acciones emprendidas, la reorientación de políticas claves que vertebran la acción misma del Estado, implican un cambio profundo y comprometen la integridad del programa neoliberal y hacen languidecer a los grupos de poder enquistados, que han servido de cabeza de playa en el asalto permanente del Estado de parte de los grupos empresariales de dudosa honradez, esto está lejos de romper la columna de los poderes distribuidos localmente a lo largo del territorio nacional.

¿De qué otra manera entender que la derecha conservadora jamás mencione la situación que reina en los estados en sus críticas? Porque los señores feudales que reinan en los estados, los hacendados jarrapellejos que dominan a nivel municipal, las redes de componendas que se articulan alrededor de los presupuestos de los ayuntamientos y, hay que decirlo con todas sus letras, que mantienen en ceñida asociación a los agentes del Estado y a las bandas del crimen organizado, están incólumes. Localmente la revolución sin violencia está paralizada, maniatada, está en calidad de espera.

Aceptémoslo, no hay actores, no hay movilizaciones, no hay cambios palpables, no hay cambios en fermento, no hay una “tensión social creativa” que detone nuevas formas de gobierno y representación, que desaten las fuerzas de la democracia sin piernas y sin brazos que padecemos como herencia. Y el verdadero reto es que esto no se puede crear artificialmente desde el centro, no se le puede insuflar vida a figuras de barro; pero, qué difícil equilibrio, el gobierno federal sí tiene que cortar de golpe los nudos gordianos que mantienen esta parálisis social y política. Qué gran oportunidad histórica se perderá, qué cruel naufragio presenciaremos, qué derroche y qué desperdicio de fuerzas.

A la derrota moral de la derecha le sobrevendrán otras derrotas más lamentables si no se articula desde abajo un movimiento social nacional que verdaderamente desate todas las energías democráticas del pueblo de México. Grandes movimientos de liberación nacional, cooptados por un círculo de líderes muy compacto, le dio un generoso impulso a las izquierdas en Latinoamérica, y apenas unos lustros después, todos estos fracasaron, experimentaron graves regresiones y hoy se baten en retirada frente a una derecha envalentonada, agresiva y envilecida, que se atreve a ponerse en la vanguardia de la reacción universal, incluso adelantando al despertar de los supremacismos anglosajones, despreciando a los pueblos indígenas, vilipendiando a los pobres, haciendo escarnio de los discursos y movimientos que claman por la justicia social.

Lo que está en juego en México es eso. Si no se rompen las amarras que aseguran las formas de subordinación política y económica de los ciudadanos y las estructuras de dependencia que desmovilizan y condicionan, se estará perdiendo una enorme oportunidad histórica. Allí comenzará el golpe de timón y la derecha no pondrá reservas a su odio acumulado.

08/09/20

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